El discreto encanto de un lenguaje perverso

O también, la perversidad de un lenguaje empleado desde las altas tribunas, o sillones, de un ministerio o de una academia. Lejos de la calle, lejos de la gente. El lenguaje es una herramienta de socialización, que debe ser empleada para hacernos mejores personas y poder construir así una democracia inclusiva, responsable y justa.

Es un problema de injusticia al que pretende aludir el Gobierno de España, a través del ministro de Justicia, cuando declara que existe “una violencia de género estructural que obliga a abortar”, en realidad, como en el caso del reciente informe de la RAE, estamos ante un caso flagrante de irresponsabilidad. Los conceptos se van generando lentamente a través de la toma de conciencia de un problema por quienes sufren algún tipo de injusticia, de abajo a arriba. Tienen por ello un valor extraordinario sobre los términos, que se los lleva el viento si no están bien argumentados. Las afirmaciones aludidas son actos de elevada irresponsabilidad porque echan por tierra, con singular ligereza, el trabajo, el esfuerzo y la sabiduría de muchas mujeres que han trabajado en estos años de democracia por dejar aflorar las capacidades de las mujeres, sus libertades y sus derechos.

Así, unos hablan de “urbanismo de génera”, otros de “caos” en caso de que se llegue a admitir como válido el lenguaje no sexista o, volviendo al Gobierno de España, a la “violencia doméstica” de Ana Mato. No manejan conceptos, algo que se debería esperar de ellos, dado lo elevado de su estatus intelectual. No responden a demandas sociales reales realizadas por grupos oprimidos. No comprenden la ciudadanía como un complejo y diverso sistema de intereses y demandas, sino la ideología única de un pequeño grupo de presión. Pervierten el lenguaje y banalizan lo construido pretendiendo así borrarlo todo de un plumazo. Nos alejan de las miradas universalistas, de la ONU y de la UE, que asumen un acuerdo de mínimos respecto a los derechos reproductivos de las mujeres, que no se refieren, no en este caso, al derecho a la maternidad, que está absolutamente asumido. Nosotras sí trabajamos con conceptos, por eso sabemos que los problemas no se solucionan eludiéndolos o renombrándolos. Nosotras sabemos que lo que limita realmente el derecho a la maternidad es una perversa normalización laboral que penaliza hasta límites insospechados esa maternidad tan cara para el ministro de Justicia. Relean la reforma desde el punto de vista de una mujer trabajadora que pretenda ser madre hoy.

Empiecen por ahí, señores, nos sorprenderán, entonces sí, por la audacia e inteligencia de su gobierno.

Red Ecofeminista

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s