Préstales tu atención, no tu basura

Ghana

Hay un modelo de solidaridad que consiste en dar lo que a uno le sobra sin ni siquiera preguntar si sirve para algo. Este modelo, plagado de buenas intenciones, resiste los envites de las ONG que llevan décadas hablando de justicia, cooperación horizontal, empoderamiento de las comunidades y otros conceptos necesarios para intervenir en otras realidades socioeconómicas y alcanzar el éxito en un programa de desarrollo.

Hace días aparecieron en nuestra casa de Ada, en Ghana, dos paquetes procedentes de España. Se trataba de material para la escuela para niños huérfanos de la calle que hemos construido en una de las zonas más deprimidas del sur del país, Anyakpor; un lugar donde los niveles de analfabetismo superan el 70%, la electricidad y el agua potable son quimeras y la gente habita en chabolas a punto de derrumbarse.

Abrimos el primer paquete y encontramos libros de texto en catalán. Abrimos el segundo y contenía material audiovisual -cassettes, cds y dvds-. No saben la cara de estupefacción que pusimos. ¿Y qué hacemos ahora con esto? Los libros en catalán prenden bien en la hoguera donde cocinamos las tilapias frescas del río Volta. Y el material audiovisual acabará para nuestra desgracia en el océano Atlántico, que es el destino de todos los residuos aquí –las plantas de reciclaje tampoco existen y Ghana se ha convertido en el basurero tecnológico de Europa-. En Anyakpor no hay reproductores ni enchufes ni -ya está dicho- tendido eléctrico. Me pregunto en qué cabeza cabe enviar estos materiales a África, sobre todo sin que los hayamos pedido.

Pero ocurrió lo mismo en octubre, antes de venir. Estábamos en Madrid, en plena mudanza y organización de nuestra partida cuando alguien nos colocó seis cajas de ropa de invierno –súper útil y súper ligera para viajar al trópico- y no sé cuántos trastos más. Acabaron en el punto limpio, la parroquia y el ropero social del barrio. Eso sí, con la consiguiente pérdida de tiempo y nuestro enfado absoluto.

Son ejemplos burdos aunque reales y frecuentes. Y es que para ayudar no vale sólo con dar lo que nos sobra sino que ayudar de verdad significa escuchar y comprender las necesidades ajenas; y, después, trabajar junto a quienes las sufren para contribuir a aliviarlas. Es más difícil pero más efectivo.

A menudo, esto quiere decir tiempo y dinero. Y quizás eso es lo que menos apetece entregar, pero no hay otra manera. Hace falta tiempo para formarse y trabajar, y hace falta dinero para dinamizar las economías locales y llevar las cosas a buen puerto.

A nosotros nos ha costado un año levantar la escuelita de Anyakpor. Ha sido un esfuerzo colectivo de padres, lideres comunitarios, servicios sociales y donantes y ha incluido muchas reuniones y mucho intercambio de información. Pero hoy estamos orgullosos y tenemos la garantía de que el proyecto cubre una necesidad real y continuará cuando nos vayamos.

Esta entrada ha sido escrita por Ángel Gonzalo (@trompikonio)

Ángel Gonzalo es periodista. Hace un año se mudó junto a su compañera Elena Llanos a Ada, un pequeño pueblo de Ghana, en la desembocadura del río Volta. Allí se han involucrado en varios proyectos sociales como la construcción de la escuela de Anyakpor para 97 niños huérfanos de la calle. Cuentan su experiencia en: www.ghaneantes.wordpress.com

Fuente: El País

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