La dieta del ‘Rainbow Warrior’

El nuevo buque insignia de Greenpeace, el Rainbow Warrior III, tiene a gala ser un barco verde, en el que también el menú es sostenible.
La dieta del 'Rainbow Warrior'
Pasta con champiñones, huevo duro, ajo y parmesano, brócoli al horno con un toque de chile seco y garbanzos especiados con tomate y curry, fue el plato combinado que comió un tripulante del Rainbow Warrior III (María Ángeles Torres)

La dieta del 'Rainbow Warrior'
El radiotelefonista del barco, el argentino Mir Rodríguez, a la izquierda, conversa con el capitán del Rainbow Warrior III, Joel Stewart (María Ángeles Torres)

La puerta de la modesta cocina en el nuevo barco de Greenpeace siempre está abierta y, aunque el chef trabaja solo, la cocina y el comedor son dos puntos vitales para la vida social dentro de la nave. Los marineros, al acabar de comer, entran a la cocina, friegan sus platos y se dirigen al chef en inglés. “Walter, muchas gracias, todo estaba buenísimo”, le expresa Joel Stewart, el capitán del Rainbow Warrior III (barco que sustituye desde el pasado año al Rainbow Warrior II). Y las muestras de gratitud suceden tantas veces como tripulantes trabajen en el navío en ese momento. Walter Rodrigues es el chef encargado de la cocina en el próximo trimestre. “Nunca se quejan, y son muy agradecidos con todo lo que preparo”, comenta con timidez y alegría. De origen indio, con dos años de experiencia cocinando para los ecologistas y una larga trayectoria de 18 años trabajando de cocinero en barcos comerciales, explica que debe organizarse muy bien, ya que lo que compran debe aguantar una travesía de unos 90 días antes de volver a tocar tierra.

Los cocineros de los barcos de la organización ecologista son personal contratado que realiza navegaciones de tres meses de duración, como el resto de la tripulación. Greenpeace tiene tres barcos y en cada uno, dos cocineros que se van turnando, por lo que la flota cuenta con seis chefs más el personal de refuerzo ocasional, que suele proceder del voluntariado local que se ofrece si, al llegar a puerto, el barco incrementa la tripulación para alguna campaña. En total puede haber unas cuarenta personas a las que alimentar. “Walter ha preparado comida incluso para los voluntarios y no está obligado”, comenta la coordinadora del voluntariado Araceli Segura, que agradece el gesto y le hace de pinche en la estancia en Barcelona.

La cocina del Rainbow huele hoy a una gran mezcla de ingredientes, tan variada y bien avenida como las diferentes doce nacionalidades de los trabajadores del barco. “Soy indio y no puedo poner curry a todo lo que cocino, aunque me gustaría”, declara con risas el cocinero. Así que Walter ofrece siempre un menú continental de cinco o seis platos combinables para todas las nacionalidades, en el que hay verduras, arroz, pasta, huevos, diferentes especias, fruta y algo de carne, entre otros productos.

En el comedor, los tripulantes pueden servirse arroz con maíz, pimientos al horno rellenos de patata y queso, pollo con salsa barbacoa, diferentes ensaladas, una sopa de calabaza o un pudding que triunfa entre los comensales y que ha sido preparado de la manera más rápida y sencilla: pan de molde, leche, huevos, pasas, canela y un toque de azafrán. Pero no pasa lo mismo cuando el chef libra los domingos. Entonces son los marineros los que tienen que cocinar, y según la procedencia del warrior voluntario, el menú podría ir desde Argentina hasta Australia.

Construido con materiales sostenibles, los ecologistas han calificado al nuevo buque insignia de Greenpeace como “el barco más verde”. Y es desde una perspectiva de sostenibilidad que se compran los productos que se van a consumir en el Rainbow Warrior III, aunque deben adaptarse a las ofertas que encuentren en los diferentes países que visita el barco. Compran en mercados tradicionales, evitan los OMG (organismos modificados genéticamente) y los alimentos traídos de otras latitudes, y se centran en el producto local. Siempre que pueden, compran productos de larga duración con sello ecológico y/o comercio justo, como café y azúcar, a través del voluntario local que conoce bien el mercado.

Greenpeace manifiesta que un consumo insostenible está al final de la cadena de muchos problemas ambientales, y por eso intentan divulgar una mejor gestión de los recursos naturales y un consumo coherente. “Desde las cocinas se puede proteger los mares y, en definitiva, proteger nuestro planeta”, opina el chef español y con dos estrellas Michelin Diego Guerrero, que visita el Rainbow para preparar una cena sostenible en la que incluye pescado como algo excepcional para la tripulación. Dado que en España se está llevando a cabo una campaña de apoyo a la pesca artesanal, se compró pescado (especies locales) ala Asociación de Pesca Artesanal de Barcelona, pero en los barcos de Greenpeace no se pesca, y casi no se come pescado. Si se consume, siempre es local y artesanal, nunca sometido a procesos de captura o preparación industriales. El 80% de los platos son vegetarianos o veganos (ningún ingrediente de origen animal), y aunque en el menú haya algún plato con carne, el consumo es bajo.

Los residuos, tanto orgánicos como sólidos, son controlados por la figura del garbologist (de garbage, basura en inglés). La marinera Helena de Carlos se encarga de llevar a cabo un minucioso proceso de separación y tiene la tarea de intentar dejar en tierra el máximo de envases posible antes de zarpar.

Días después de su estancia en Barcelona, donde celebraron las cuatro décadas de Greenpeace en activo y también hicieron el cambio de tripulación obligado, el Rainbow Warrior III hizo escala en las islas Canarias y seguidamente puso rumbo a Nueva York cargado de productos catalanes, verduras y frutas comprados en el mercado dela Barceloneta y en algún establecimiento específico de productos ecológicos dela Ciudad Condal.

Las últimas campañas de la entidad ecológica en contra de la deforestación en el Amazonas o la actual campaña en defensa del Ártico en contra de las exploraciones petroleras en la zona se suman a la continúa defensa de los habitantes de los océanos, porque, como hace 40 años, la organización ecologista sigue apostando a que “otro océano distinto al que tenemos es posible”.

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