Desobediencia civil feminista

Tanto esfuerzo por integrarnos en la ‘corriente principal’ (mainstream) y se nos ha ido olvidando lo fundamental. La desobediencia civil feminista es una herramienta legítima ciudadana para responder a situaciones injustas impuestas por las ‘normas sociales’ vigentes y por las leyes patriarcales que implementan los gobiernos.
Cada momento requiere su estrategia y la combinación de diferentes planteamientos y enfoques alternativos.

Vivimos una fuerte involución en los derechos de las mujeres, lo que evidencia la fragilidad del ilusorio avance que en occidente parecía haberse conseguido. Tanto la imaginación como la inteligencia colectiva y feminista deberían confluir como el potente mecanismo que son para desarrollar formas de resistencia y subversión no violenta ante la creciente ofensiva patriarcal. La forma de hacer frente a esta ofensiva pasa, a mi modo de entender, por generar procesos de autonomía e independencia. Autonomía frente a los poderes constituidos y frente al capitalismo neoliberal, lo que significa no aceptar ni legitimar las reglas del juego impuestas; autonomía frente a las prácticas, manera y formas de hacer las cosas que impregnan tambien las estructuras organizativas de particpación social. Creo que, en el momento actual, la estrategia de empoderamiento de las mujeres debería responder más a la necesidad de desobediencia civil autoorganizada que a la negociación de espacios de representación dentro de las estructuras patriarcales.

Es tiempo de alianzas entre nosotrxs, de fortalecer las redes de acción colectiva, de desarrollar formas alternativas de convivencia, producción y consumo. Es tiempo de salir de los modelos cerrados y encorsetados del ‘status quo’. Es tiempo de rebeldía y también de recordar que “el objetivo final de la revolución feminista no debe limitarse a la eliminación de los privilegios masculinos, sino que debe alcanzar a la distinción misma de sexo”, en palabras de Sulamith Firestone . Y si perdemos esto de vista estaremos mareando la perdiz, haciendo como que todo cambia mientras todo permanece en el mismo sitio y posición.

Es tiempo, más que nunca, de poner en valor la pluralidad del movimiento feminista, una identidad política múltiple, propositiva y transversal a todos los movimientos sociales.

¿Qué tal si empezamos a desempolvar y actualizar algunas de las actuaciones realizadas en la historia de los feminismos? Cada paso recorrido es un aprendizaje multidimensional, con sus luces y/o sombras. ¡Reapropiémonos de este bagaje histórico!

La autoorganización del movimiento sufragista por el voto femenino, la acción individual de Rosa Parks y el movimiento por los derechos de la población negra, la acción continuada de las coordinadoras de mujeres indígenas , los encadenamientos de protesta, las marchas y manifestaciones nos brindaron un referente en la acción política colectiva por la equiparación de derechos. Las experiencias de Feministas en Resistencia contra el Golpe de Estado en Honduras , las de la Red Internacional de Mujeres de Negro o las de la Marcha Mundial de las Mujeres son claros referentes de la acción política feminista antimilitarista.

La ofensiva antiabortista nos sitúa en una especia de ‘día de la marmota’ y, una vez más, nos vemos en la necesidad de defender unos ridículos mínimos sobre el derecho básico negado históricamente a las mujeres: el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, sobre la sexualidad y el destino que cada una quiera darle a la misma.

Es tiempo de organizar y gestionar la rabia, la impotencia, el miedo y el maldito sentimiento de culpabilidad en algo transformativo, de acción directa, en una estrategia política abiertamente antipatriarcal y antineoliberal. Es tiempo de alianzas y de trabajar en red, multiplicando el alcance de las acciones individuales, a través del ciberactivismo social.

Y a todo esto, nos vendría bien recuperar algo de la insolencia de las Pussy Riot o del lenguaje descarado y la actitud transgresora de las VNS Matrix en su manifiesto ciberfeminista para el siglo XXI … ya sabeis, esa actitud vital que tanto incomoda a las clases ‘bien pensantes’ que, como mucho, alcanzan a imaginar la protesta dentro del marco institucional del ‘orden social’ establecido.

Las performances de quema de sujetadores, las instalaciones y creaciones artísticas relacionadas con el cuerpo de las mujeres y la sexualidad, las autoinculpaciones en defensa del derecho al aborto, la reciente acción de sin tetas no hay capilla, muchas de las actuaciones de Feministes Indignades de Catalunya o las de grupos de Feminismo na Galiza, muestran la posibilidad de apropiarnos de nuestro cuerpo como instrumento de rebelión.

¿A qué esperar más? ¡Nuestro cuerpo nos pertenece! ahora y siempre

Fuente: Carmen Castro en Sin Género de Dudas

 

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