Huertos urbanos: redes verdes de intercambio

Existe un aumento de la sensibilidad social respecto al medioambiente, y consecuentemente, hacia la sostenibilidad. Esto genera, a su vez, una tendencia hacia el mundo rural, la autosuficiencia, la agricultura ecológica… que se refleja en algunas migraciones de “urbanitas” a los pueblos. Algunas personas, por diferentes motivos, no pueden dar ese gran paso y deciden hacer algo que les haga sentir algo similar. Un ejemplo claro son los Huertos Urbanos. Pero detrás de un huerto urbano hay algo más que independencia y naturalidad.

Los huertos urbanos están modificando el paisaje, ya que hacen que a espacios antaño olvidados, deteriorados, infrautilizados o sin uso se les dé un uso social. Normalmente estos espacios son cedidos o alquilados por las administraciones o por sus propietarios con el único fin de darle este uso social, pero por un tiempo limitado. Se suele acordar un intervalo de tiempo para renovar la cesión, ya que cuando sea inminente el uso final de ese espacio (por construcción) todo se tendrá que desmantelar.

Los huertos urbanos generan una gran dinámica social, pues los demandantes son principalmente asociaciones vecinales, organizaciones sin ánimo de lucro, fundaciones… que desarrollan allí sus actividades. El terreno no suele ser muy fértil, pues es un suelo agredido durante años por la ciudad, pero esto no es inconveniente para poder cultivarlo. Siempre es recomendable hacer allí una cata del terreno, para ver si hay escombros o el suelo es muy duro. Los cultivos se realizan en bancales (que es lo que más trabajo conlleva), donde se enriquece el suelo con aportes de nutrientes y sustrato. Además, se construyen instalaciones con materiales reutilizados, para guardar los aperos de labranza y demás herramientas. Muchas veces, por no decir todas, el espacio se utiliza también para otros fines sociales, como talleres, representaciones teatrales, exposiciones, conciertos… Todo ello suele estar aderezado con la voluntariedad, el afán colaborador y creativo de la gente, el cual es un gran pegamento social. Pero tened muy presente que vuestra familia y amigos se verán influenciados, pues muchos desearán visitar el huerto e incluso participar. Y a los que no les interese, tened paciencia, pues tarde o temprano, caerán en la verde red.

Existe pues un beneficio claramente social, porque reúne a numerosas personas entorno a varios temas importantes, como es la educación ambiental, los grupos de consumo, la producción ecológica, la autosuficiencia, la autoconstrucción…. Muchos de los contactos acerca de estos temas los he hecho allí, y además te enteras de otras iniciativas interesantes. Ni qué decir de sus beneficios sobre la psique y el cuerpo, ya que realizar tareas de cultivo en estos espacios, reduce la ansiedad, mitiga el estrés, siembra la paz interior, mientras que a su vez realizamos un ejercicio físico, del que te acuerdas al día siguiente cuando sientes las agujetas. Porque no nos engañemos, el huerto hay que trabajarlo, y eso cuesta lo suyo. Luego le quitamos importancia a ese dolor de riñones y sube nuestra estima cuando nos pegamos un gran festín con lo producido, fruto de nuestro trabajo. Una ventaja extra es que casi todos tienen un componente ecológico, lo que hace que la producción sea más sabrosa y sana.

Para las familias, también es una oportunidad para acercar a sus hijos a la tierra. En estos espacios, los niños y niñas no tendrán que jugar entre humo y ruido de coches. Podrán experimentar y conocer cómo es la semilla de un rábano, cómo se cultivan los tomates, qué es el compost, qué beneficios tienen los insectos… Para algunos jubilados, tener un huerto es un buen hobby, pues es algo que muchos conocen bien y les reporta gran satisfacción. En mi caso ya he llevado unas cuantas veces a mi familia. Mis sobrinos siempre curiosean entre lo que hay allí plantado y no paran de hacer preguntas, alucinando.

En muchas ciudades de España, y del mundo, se están creando huertos urbanos. Se establecen así auténticas redes conectadas entre sí. Entre estos huertos se intercambian experiencias, conocimientos, semillas… como el banco de intercambio de  semillas que se organiza en El Matadero, abierto a la participación de cualquier ciudadano. Llevas tus semillas ecológicas y las cambias por las que necesites.

Un ejemplo claro son los huertos de Esta es una plaza (estaesunaplaza.blogspot.com.es), en la calle Doctor Fourquet  24, que lleva funcionando desde el 2008. En este espacio se puede ir a cultivar de todo, en un espacio cercado por edificios, cuyas cicatrices muestran que allí hubo en un tiempo otro edificio. Ahora ese lugar tiene mucha vida, energía positiva, en la cual participa todo el vecindario. Todos los miércoles y domingos hay algún taller interesante y sorprendente. Este verano pasado me sorprendí participando en un taller de construcción de muebles con maderas de palets, donde hicimos gran parte del mobiliario actual. Tampoco olvido la iniciativa de mercadillo de trueque, donde te puedes encontrar casi de todo. Por otro lado, este espacio es ideal para quedarse a comer (por allí hay un famoso asador de pollos con unas croquetas buenísimas), dibujar, meditar, dar un paseo…

Otro ejemplo es la Fundación Carmen Pardo-Valcarce, junto con Obra Social Caja Madrid (lahuertademontecarmelo.com), que refleja bien el buen uso de los huertos urbanos como herramienta integradora, pues gestiona un terreno donde parte del equipo son discapacitados intelectuales. Los terrenos son de alquiler, y parte de los beneficios van a parar a la fundación. Allí sólo hay huertos, no se realizan otras actividades, pero está muy bien organizado y abren más días a la semana. En mi caso pedí que me pusieran en lista de espera, pero era bastante larga y me llamaron pasado un año. La pena es que ya me había comprometido con otro terreno en otra parte.

Un dato importante, no todos los “huertistas” tienen que ser hippies, veganos o estudiosos de este mundillo agrario. El único denomiador común es la ilusión por experimentar y producir tus propias hortalizas. En el Huerto del CSA La Tabacalera de Lavapiés, por ejemplo, me he llegado a juntar con un tipo trajeado y una estudiante de historia, ambos sin tener ni idea pero con interés en conocer este maravilloso mundo.

Huerto del CSA La Tabacalera de Lavapiés. (Foto de su blog)

Las administraciones no le dan el valor que se merecen, sería bueno poner al servicio de las asociaciones vecinales y organizaciones sin ánimo de lucro más terrenos y dar las herramientas necesarias para que funcionen.

Pon un pequeño huerto en tu vida, y cultivarás grandes cosas.

Publicado por: diwo
en: Blog
Por Julio Rodríguez de Castro,  ambientólogo, experto en agricultura ecológica, educación ambiental y movilidad sostenible.
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