“España se ahoga en una marea de plástico y toxicidad, como el resto del mundo”

Millones de toneladas de residuos plásticos flotan en los océanos de todo el mundo. Estas sopas de plástico matan más de un millón de aves marinas y más de 100.000 mamíferos marinos y tortugas cada año. Son algunos de los datos que destaca Manuel Maqueda, impulsor de “El plástico mata. Desde esta página web, y desde la ONG Plastic Pollution Coalition, trata de concienciar a la sociedad del problema global y desconocido que supone el uso incorrecto del plástico. La solución debe lograrse entre todos, asegura Maqueda, y comienza por reducir “de forma drástica” el consumo de los productos de usar y tirar.

¿Qué principales datos destacaría sobre el impacto de los residuos plásticos en el medio ambiente y la salud?

El plástico es un material que la Tierra no puede digerir. Tarda hasta mil años en biodegradarse, y enseguida se fragmenta en trocitos que absorben y acumulan contaminantes tóxicos. Todos los ecosistemas del planeta, hasta la Antártida, sufren sus efectos nocivos.

Midway‘ es una película que ha ayudado a filmar. Dirigida por Chris Jordan, trata el problema de la basura plástica en el mar. ¿Tan grave es la situación?

Millones de aves en Midway, una de las islas más remotas del mundo, alimentan a sus polluelos con mecheros, maquinillas de afeitar, tapones de botellas y todo tipo de plásticos desechables. Es un síntoma de un problema de magnitud planetaria. Su potencia visual y metafórica es enorme: las imágenes de polluelos muertos con sus tripas llenas de plástico son un retrato alegórico de nosotros mismos. En ellas se refleja la toxicidad que llevamos dentro y las decisiones de nuestra cultura consumista.

¿La contaminación por plásticos es un problema global?

Así es. Millones de animales de cientos de especies comen plástico, incluso seres microscópicos como el plancton. La cadena alimentaria de la que dependemos queda así contaminada. El plástico es un secreto industrial con cientos de aditivos tóxicos, y puede contaminarnos de forma directa cuando comemos o bebemos de él. Según los estudios, más del 90% de la población lleva ya en su sangre disruptores endocrinos, incluidos los bebés recién nacidos.

¿Cuáles son las consecuencias de esos disruptores endocrinos?

La Organización de Naciones Unidas (ONU), a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), ha hecho una declaración que apunta a la disrupción endocrina como una “amenaza global” para los ecosistemas y la salud humana. Hace pocos días, diez científicos de varios países han pedido en un artículo en ‘Nature’ que el plástico se declare residuo tóxico y peligroso.

Algunos expertos creen que hay una “quimiofobia” injustificada en la sociedad, que se exagera sobre sus consecuencias negativas. Recuerdan que sin los plásticos, muchos avances y bienes cotidianos actuales serían imposibles.

El plástico es un material versátil y útil para la humanidad. Es barato, ligero y se adapta a miles de usos. El problema no es el plástico en sí, sino su utilización incorrecta y temeraria a nivel global. Jamás habría que emplearlo para objetos de usar y tirar como bolsas, pajitas, embalajes o botellas. Al mismo tiempo, un material repleto de aditivos tóxicos y de composición secreta de ningún modo debería utilizarse para alimentación humana.

Diversos ecologistas han afirmado que algunas zonas oceánicas tienen enormes islas de plástico flotantes, pero algunos expertos aseguran que más bien son restos diseminados en gigantescas áreas.

No hay islas flotantes de basura. Ójala las hubiera, porque las podríamos ver en las portadas de los periódicos. La realidad es todavía más terrible: los océanos se han convertido en sopas de plástico. Se calcula que hay cien millones de toneladas de plástico en suspensión en el mar. Los fragmentos tienen un tamaño medio de cuatro milímetros, y billones de ellos son microscópicos. Toda la cadena alimentaria marina las come, desde el plancton microscópico a las ballenas. Las famosas “islas” en realidad son zonas enormes con mayores concentraciones de plástico. Allí encontramos diez veces más plástico que plancton, es decir, que comida. Es imposible limpiar esto. Debemos detener de una vez nuestra adición a los plásticos de usar y tirar.

Un reciente reportaje en ‘El País’ ofrecía las imágenes de un cachalote muerto en la costa de Granada con 18 kilos de cubiertas de los invernaderos en su estómago. ¿Hasta qué punto es generalizado este problema?

Casos como este no son en absoluto raros. El plástico mata más de un millón de aves marinas y más de 100.000 mamíferos marinos y tortugas cada año.

¿Qué alcance tiene en España?

España se ahoga en una marea de plástico y de toxicidad, como el resto del mundo. Basta con ver cualquier casa, o ir a nuestras costas, en especial donde la marea acumula residuos. En cuanto a toxicidad en sangre y enfermedades ligadas a la disrupción endocrina como cáncer, diabetes u obesidad, tampoco vamos a la zaga.

¿Qué medidas se deberían tomar (y quiénes) para combatir este problema?

A todos nos corresponde solucionarlo. Poner plásticos en los contenedores de reciclaje solo sirve para tranquilizar las conciencias y no es una solución sostenible. La mayoría de los plásticos recogidos en los contenedores acaban en China, incinerados o convertidos en objetos no reciclables de nuevo. La verdadera solución es reducir de forma drástica los plásticos de usar y tirar, es decir, los diseñados para convertirse en basura, como bolsas, botellas, embalajes etc. Hay un movimiento mundial que combina acciones individuales, con cambios en el diseño y envasado y con legislación que desincentiva o prohíbe los plásticos más contaminantes. También se ha comenzado a prohibir ciertos aditivos del plástico, como el bisfenol A, en especial en biberones y otros plásticos que pueden afectar a los niños.

¿Qué podemos hacer los consumidores?

El primer paso es la toma de conciencia, informarse. Es de gran ayuda también divulgar y comentar este problema en nuestras familias y círculos sociales. El paso siguiente es evitar los plásticos de usar y tirar, decirle adiós a las bolsas, al agua embotellada en plástico y a todos los productos envasados en plástico que se pueda. Así es fácil reducir entre un 60% y un 70% nuestros residuos de plástico. Ir más allá requiere ser más activos para buscar productos o pedir a los comercios que no nos den plástico. Supermercados visionarios en muchos países han visto la oportunidad de liderar estos cambios de conciencia con la introducción de graneles, la reducción del plástico a varios niveles, el cobro por las bolsas, etc. Respecto a cómo protegerse de la toxicidad del plástico, lo mejor es evitar la comida y la bebida que viene en plástico, incluidas las latas, ya que su recubrimiento interior puede segregar bisfenol A.

Es un emprendedor que se autodefine como un “niño curioso que prefiere no identificarse con ninguna profesión”. ¿Por qué se fija en proyectos ambientales como el de Kumu?

Porque además de ser un niño curioso, soy un niño profundamente enamorado de la vida en todas sus formas. De los océanos, de los bosques, de las plantas, de las montañas, de los animales, de la gente. La única manera de hacer honor a quien soy es defender la vida, en especial cuando también soy parte activa de la cultura que tanto daño causa al planeta y a sí misma. Kumu es un laboratorio de innovación para conversar sobre cómo transformar nuestra cultura y dar un salto hacia un futuro justo, responsable y sostenible

Fuente: Alex Fernández Muerza para Eroski Consumer

 

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