“Avanzar hacia el ecofeminismo es universalizar las virtudes del cuidado doméstico y ambiental”, Alicia Puleo

Aunque es una teoría tan vieja como poco atractiva para el capitalismo occidental, el ecofeminismo o feminismo ecológico empieza a tomar fuerza en una generación que se está viendo lastrada por la crisis económica, social y ética. Una de las más relevantes defensoras de esta corriente, Alicia Puleo, apuesta por universalizar los valores ‘del cuidado’ -atribuidos atávicamente a las mujeres- como forma de convivencia.
La doctora en Filosofía Moral y miembro de la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid, ha visitado estos días Ciudad Real para participar en las II Jornadas de Ecofeminismo y Agroecología y Empleo. Con gran proverbialidad detalla los mimbres de este modelo, recogido en su libro ‘Ecofeminismo para otro mundo posible’, que aboga por el respeto a los ciclos de los seres vivos (humanos y animales) y al ecosistema, dentro de una mirada más cercana propia de la mujer. Alerta sobre el devastador cambio climático provocado por una histórica visión androcéntrica de las sociedades.

PREGUNTA.- ¿Cuáles son las claves del ecofeminismo, un modelo desconocido en esta región, teniendo en cuenta que no hay estudios universitarios específicos?

RESPUESTA.- Reúne claves de la teoría feminista y del ecologismo. Se plantea como otro modelo de relación con la naturaleza, respetando más los ciclos naturales y nuestros cuerpos, que también son naturaleza. Porqué el ecofeminismo nos interesa a las mujeres, pues porque la contaminación ambiental influye negativamente en nuestra salud, somos más vulnerables. Desde el Síndrome de Hipersensibilidad Química Múltiple, hasta cánceres ginecológicos tienen relación con compuestos que están siendo liberados en el medio ambiente y que son negativos porque tienen una disposición similar a los estrógenos que favorecen el desarrollo de patologías. Hay otros aspectos que son más complejos como el hecho de que históricamente nuestra civilización ha valorado excesivamente virtudes y actitudes que se adjudican a los varones, mientras que las del cuidado, atribuidas a las mujeres, han sido minusvaloradas. En este momento, con una crisis ecológica, además de económica, vemos que esas virtudes son necesarias, indispensables y muy valiosas.

P.- ¿Cuáles serían esos valores más en concreto?

R.- Los del cuidado, no sólo con nuestra especie, sino con los animales con los que convivimos y con los ecosistemas. No se trata de pedir a las mujeres un plus de esfuerzo para que sean las salvadoras del planeta ni de enfrentar a hombres y mujeres, sino que se trata de universalizar esas virtudes, de enseñar a todos porque son capacidades humanas que puede desarrollar cualquier ser humano. Habría que  avanzar hacia una cultura que incluyera esos valores que se han considerado femeninos y han sido minusvalorados por esa razón.
P.- En el caso del varón, usted habla de un sistema androcéntrico y patriarcal que ha sido pernicioso para el planeta, ¿por qué?

R.- Por muchas razones. La primera y más evidente la mostró el feminismo al señalar que las mujeres vivían en un estado de subordinación. Hemos cambiado mucho en las sociedades occidentales, hemos incluido derechos y niveles de igualdad que antes no existían. Pero queda camino por andar. Una sociedad respetuosa con todas las personas implicaría superar esa subordinación, el sexismo y la violencia.

P.- ¿Pueden cambiar los hombres su papel?

R.- Los hombres inteligentes son feministas y ecologistas pues comprenden los requerimientos de este momento histórico. El ecofeminismo es un planteamiento que también los beneficia. El modelo con los símbolos de la lucha de cuando la humanidad era cazadora tiene pautas patriarcales y destructivas que ahora se han trasladado al sistema económico más liberal. Por ello, la clave está en dar un salto cualitativo para superar un sistema social centrado en el hombre y demoledor desde el punto de vista ecológico.

P.- En este foro de agroecología y feminismo, los expertos están hablando de crisis, ya no económica, sino de valores, que está devolviendo a la mujer al ámbito doméstico. ¿Cómo se pueden conjugar sus propuestas de concienciación con esta desfavorable dinámica?

R.- En estos momentos vivimos en una sociedad compleja y desorientada, en la que por un lado hay una falta de normas y una especie de pérdida de valores y por otro un crecimiento de fundamentalismos e integrismos sumamente peligrosos porque quieren cortar las libertades de las personas. Una teoría y una praxis ecofeministas evitan ambas cosas, evitan la pérdida de valores porque hay un planteamiento y una definición de lo que es la vida respetuosa con los demás y con los seres vivos de otras especies, con el ecosistema tierra. Se centra en un patrón de sociedad menos competitivo, en lo referido a la especulación o explotación. Es un modelo hacia un horizonte utópico, no como algo irrealizable desde el momento de su formulación, sino como paradigma hacia el cual caminar.

P.- Pero este tipo de planteamientos no están en las agendas políticas

R.- Nunca los modelos rompedores han formado parte de las agendas de los políticos hasta que se han ido incorporando de tanto insistir, como el feminismo.

P.- Usted en su libro ‘Ecofeminismo para otro mundo posible’ alerta sobre el cambio climático, ¿cómo afecta al planeta y a la mujer en especial?

R.- El cambio climático es una realidad y lo será cada vez más. Va a afectar a la gente más pobre a la que no pueda comprarse las tecnologías con las que se van a intentar paliar las consecuencias. Es algo ante lo que no se está reaccionando. La gente no quiere tomar conciencia, porque lo ve lejano, aunque se ha acelerado mucho, más de los que pensaban los científicos. Hay que enfrentar el problema y algunas asociaciones como algunas de mujeres de la vía campesina dicen que la  agricultura respetuosa de la tierra que no emplea tóxicos y es orgánica, en muchos casos practicada por las mujeres más pobres, enfría la tierra, mientras que la otra calienta la tierra y nos lleva hacia el abismo.

P.- ¿Haría falta una sensibilización para concienciar a los jóvenes?

R.- Claro, la cultura de la sostenibilidad sigue siendo una asignatura pendiente y tenemos que tomarnos en serio nuestro papel y nuestra intervención en este mundo.

P.- Sin ánimo de provocar controversia, si la mujer es la tierra, el hombre sería…

R.- El hombre siempre quiso ser el cielo y se autodefinió como tal. Se definió como el espíritu frente a la tierra, ya es hora de que todos pongamos los pies en la tierra

Fuente: Lanza digital

 

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