Seis razones para tomar azúcar de comercio justo

Por: Mikel López Iturriaga | 07 de mayo de 2013

Panela 1
Azúcar sin injusticias. / CECJ

Cuando me topo con un paquete de azúcar de comercio justo en un supermercado, me suelo hacer esta pregunta: ¿estaré haciendo el idiota si lo compro y pago más que por uno normal? Mi yo hormiguita que piensa en el fin de mes me dice que deje las buenas causas para otro momento, mientras que mi yo solidario me empuja a rascarme el bolsillo por respeto a las personas que lo producen. Al final, la batalla la gana uno de los dos yoes dependiendo de cómo tenga el día, siempre después de complicadas elucubraciones con cierta tendencia al absurdo (“podría consumir la mitad, y así mantener a raya mi vacaburrismo sin gastar más”, y cosas así).

Puede que haya llegado el momento de dejarme de bobadas y dar con razones sólidas para apostar por el azúcar bueno, aprovechando que el Día del Comercio Justo se celebra el sábado. Este año, la Coordinadora Estatal que agrupa a las organizaciones que lo defienden se ha centrado precisamente en este alimento, con una campaña denominada Para endulzarte la vida no hay que amargar a nadie. Habrá concursos de repostería, reparto de muestras gratuitas y charlas con el objetivo de promover su consumo en España, donde las ventas suben poco a poco pero aún estamos a un par de años luz de países como el Reino Unido: allí más del 40% de los sobres de azúcar que se pueden encontrar en las cafeterías son de fair trade.

¿Por qué deberíamos comprar más azúcar de comercio justo? Para responder a esa cuestión, acudí a la presidenta de la Coordinadora, Mercedes García de Vinuesa, quien me dio los siguientes argumentos.

1. Porque los trabajadores que lo producen reciben un salario digno

“Diversos estudios señalan que los productores de azúcar de comercio justo reciben el doble del porcentaje del precio final de venta que los del mercado mayoritario”, explica García de Vinuesa. Esto ocurre en un sector en el que las condiciones de los trabajadores suelen ser hardcore: en países como Brasil o Tailandia la caña de azúcar se corta a mano por apenas unos dólares diarios, y muchos agricultores han perdido sus tierras por los contratos abusivos con las fábricas. En el comercio justo, “el precio se fija de común acuerdo entre productores e importadores, siempre sobre un mínimo necesario para obtener salarios que permitan una vida digna. Este precio y salario es estable frente a las subidas y bajadas drásticas tan propias de la especulación financiera con materias primas”.

2. Porque las mujeres no ganan menos

Parece increíble que en esto el siglo XXI sea tan siglo XIX, pero en la mayoría de los sectores productivos las mujeres cobran menos que los hombres por las mismas tareas. “Esta realidad es especialmente palpable en la agricultura, donde solo el 1% de la tierra es propiedad de las mujeres, a pesar de que realizan el grueso de las labores de mantenimiento”, señala la presidenta de la Coordinadora. Los productos de Comercio Justo, entre ellos el azúcar, garantizan el mismo pago para empleados y empleadas, recolectores y recolectoras y vascos y vascas (bueno, esto último no tanto porque en Euskadi no hay caña de azúcar).

(Lee el artículo íntegramente en El Comidista)

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